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La primera vez que recuerdo que alguien me habló de ética fue cursando quinto de primaria en la escuela; Ética y moral, así se llamaba el curso. Luego pasé a bachillerato: sexto, séptimo, octavo, noveno… y yo seguía ahí, viendo cursos nombrados como ética. A veces lo acompañaban de la palabra moral, a veces lo integraban con otro curso que se llamaba religión y a veces debíamos escribir textualmente en nuestros cuadernos las definiciones que otros y otras, desde sus propios estudios y experiencias, consideraban de la ética.
El caso es que fui creciendo, luego entré a la universidad y la palabra seguía acompañándome; me sentía alguien muy ético, aun cuando no tenía muy claro el concepto ni su definición. Las respuestas que recibí de la gran mayoría de personas a quienes interrogaba por la ética coincidían en concluir que se trataba de ser “buena persona”. La conclusión me parecía bastante moralista, aunque tampoco tenía clara la definición de moral.

En mis experiencias laborales siempre me han pedido ser ético, cuidar la ética, actuar desde allí. Yo, en efecto, digo que lo soy, aunque continúe sin entenderla del todo, sin definirla del todo, sin lograr explicarla del todo. No fue sino hasta cursar mis estudios en Periodismo y conocer las ideas de Javier Darío Restrepo cuando comencé a acercarme a comprender de qué se trataba esa palabra que llevaba escuchando toda mi vida pero que, en últimas, nadie lograba responderme con exactitud.
Del maestro Restrepo aprendí que “la ética no se enseña como sí ocurre con el inglés, las matemáticas, la alta cocina, la historia, el crochet o el yoga”. Este, a su vez, encontró una clave para responder en Aristóteles, quien en su Ética a Nicómaco la define como un saber práctico. No la ve como la “ciencia de lo correcto y lo incorrecto” —que es otra definición en uso—, sino como “un saber práctico que permite distinguir lo bueno de lo malo, no mediante la aplicación de fórmulas o modelos, sino mediante la activación de la sensibilidad ética”. Es así como “no estamos ante una fórmula que, aplicada, te da certezas, sino ante una sensibilidad que reacciona ante lo bueno aprobándolo y adoptándolo, y contra lo malo, rechazándolo y previniendo para evitarlo”.
Años más tarde, los azares del destino —me gusta pensar que así fue— me trajeron hasta la Fundación Internacional Experiencial-Mente, un espacio seguro, cuidadoso y comprometido con una postura ética desde la misma razón de su existencia. Experiencial-Mente me propone aventurarme en lo que personalmente ha representado un gran reto: crear y compartir desde lo que he aprendido acerca de la ética, pero esta vez acompañada por otras palabras: la ética del cuidado.
Por esta razón, frente a la duda, la incertidumbre y el afán de hacerlo éticamente, descubrimos y entendimos la necesidad de hacerlo a través del otro y la otra. Y es por esto por lo que, después de muchos años reflexionando sobre este tema, he vuelto a consultar nuevos dilemas con quien considero una especie de Pepe Grillo; de nuevo el maestro Javier Darío Restrepo, de quien hoy destaco las ideas que comparto a continuación como conclusión:
“Ni la ética, ni la libertad, ni la justicia son realidades que están ahí, hechas y acabadas. Son dinamismos del espíritu que tienen mayor o menor actividad pero que nunca alcanzan una total plenitud.
Es más exacto afirmar que el ser humano está en proceso de ser ético, o libre o justo, cuando es ese el propósito de la vida. Por esa razón, porque impone en la vida una actividad que no admite pausas, porque su mandato en la conciencia es a la vez inalcanzable e irrenunciable, la ética es una utopía que no deja espacio para el descanso.
La ética cumple las funciones de las utopías, todas las que en el mundo han sido fuerzas de transformación. La utopía nace de la insatisfacción ante lo real, se alimenta de la convicción de que todas las realidades pueden y deben ser cambiadas, es la fuerza movilizadora de los cambios”.
Referencia:
Así llegó Javier Darío Restrepo a la idea de la ética
Fundación Gabo
https://fundaciongabo.org/es/etica-periodistica/recursos/asi-llego-javier-dario-restrepo-la-idea-de-la-etica