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En nuestra intención de acompañar existencias y cuidar de quienes están dispuestos a ser acompañados, hemos percibido una creciente necesidad de hablar sobre la gestión de las emociones en diferentes contextos. Hoy nos enfocaremos específicamente en el mundo del trabajo.
En algunas organizaciones, el aspecto emocional tiende a entenderse como un fenómeno exclusivamente personal, separado de las condiciones específicas del trabajo, la responsabilidad y el cumplimiento. Sin embargo, desde la Fundación Internacional Experiencial-Mente reconocemos que el proceso emocional no puede desligarse del proceso laboral, ya que hace parte de las condiciones necesarias para el funcionamiento individual y social de cada ser humano.

Al igual que el pensamiento y el lenguaje, las emociones son procesos evolutivos que nos han permitido desarrollar diferentes formas de afrontar y transformar las vicisitudes de la existencia. Como proceso psicológico básico, la emoción es una condición natural de la experiencia humana y, por tanto, está inevitablemente presente en todos los contextos de nuestra vida.
Mientras que en la familia y en las relaciones sociales las emociones suelen ocupar un lugar fundamental, en los ambientes académicos y laborales parecen quedar relegadas a un segundo o incluso tercer plano. Durante nuestros procesos de acompañamiento a estudiantes y trabajadores, hemos encontrado que aspectos relacionados con la emocionalidad, la salud mental, las sensibilidades y las relaciones sociales muchas veces quedan supeditados a las dinámicas de producción.
No obstante, algunas organizaciones e instituciones han comenzado a generar espacios que permiten a sus colaboradores acercarse a ejercicios de relacionamiento interior y autoconocimiento. En este sentido, hablar de gestión emocional implica, en primer lugar, reconocer qué son las emociones y qué lugar ocupan en nuestra vida cotidiana.
Podemos reconocer emociones como la tristeza, el miedo, la alegría, la rabia, el asco y el asombro. Todas ellas hacen parte del desarrollo humano y de nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Por esta razón, es inevitable encontrarnos con experiencias emocionales en los diferentes ámbitos de nuestra vida.
En las organizaciones es común escuchar que debemos dejar nuestros problemas personales en casa o diferenciar los espacios en los que podemos expresar determinadas emociones. Sin embargo, cuando llevamos esta idea a la vida cotidiana, encontramos que separar completamente el mundo emocional y afectivo del mundo laboral resulta cada vez más difícil.
En el día a día nos encontramos con situaciones que generan emociones, incluso dentro de nuestros espacios de trabajo. Esto es natural y forma parte de la experiencia humana. Intentar promover la indiferencia frente a los procesos emocionales puede generar una desconexión del sujeto con su sentido laboral y, por tanto, dificultar el desarrollo de sus actividades con efectividad y eficacia.
Por esta razón, la gestión emocional se convierte en una necesidad tanto en las organizaciones como en los espacios académicos.
Gestionar las emociones no significa dejar de sentirlas ni intentar eliminarlas. Tampoco significa evitar momentos de tristeza, rabia o miedo. Se trata de reconocer lo que ocurre en nosotros y encontrar maneras de administrar la energía y la intensidad que cada emoción moviliza.
Desde esta perspectiva, podemos entender la gestión emocional como un conjunto de herramientas que permiten reconocer una emoción, comprender su presencia y administrar la energía que se desarrolla a partir de ella. Esto favorece una relación más consciente con nosotros mismos y con los demás.
Algunas herramientas para la gestión emocional
- Respiración lenta y consciente.
- Pausa corporal.
- Relajación muscular.
- Caminar.
- Cambiar momentáneamente de espacio.
- Focalizar la atención en las sensaciones presentes.
La finalidad de estas herramientas no es necesariamente calmar la emoción, sino crear suficiente espacio fisiológico para poder decidir qué hacer con ella.
Es importante señalar que no todas las emociones necesitan ser calmadas. Algunas pueden estar señalando un problema real que requiere atención y acción. Por esta razón, las instituciones deben procurar contar con protocolos y ejercicios básicos de acompañamiento que permitan responder adecuadamente a estas situaciones.
Una mirada más humana sobre el trabajo
Intentar invisibilizar la condición humana no hará más efectivo el ejercicio laboral. Por el contrario, puede llevar a la supresión de una parte fundamental de la experiencia de las personas y generar afectaciones de orden social y relacional que dificulten el desempeño.
Contemplar la gestión emocional como parte de las dinámicas internas de las organizaciones puede favorecer la confianza, el sentido de pertenencia y las relaciones entre las personas.
Reconocer la dimensión emocional de quienes trabajan y estudian significa comprender que la experiencia humana no puede separarse completamente de las responsabilidades, los aprendizajes y las relaciones que se construyen en estos espacios.
Cuidar las emociones no significa dejar de cumplir, producir o responder por nuestras responsabilidades. Significa reconocer que detrás de cada trabajador, estudiante o colaborador existe un ser humano que siente, interpreta, se relaciona y construye sentido.
Por ello, generar entornos que reconozcan y acompañen la experiencia emocional no es solamente una acción de bienestar. También es una manera de construir instituciones más conscientes, humanas y capaces de cuidar a las personas que hacen parte de ellas.