direccion@experiencialmente.org
En lo más profundo de su ser, se está preguntando por sí misma, por aquello que le apasiona, le duele o le gustaría crear con y para el mundo. El camino del emprendimiento o de la autonomía económica no puede percibirse solo desde lo material; debe integrarse con una historia que busca ser resignificada y con capacidades que durante años han permanecido en silencio, pero que hoy desean salir a la luz y compartirse.
Cada vez que tengo la oportunidad de acercarme a mujeres emprendedoras o en búsqueda de su autonomía económica, encuentro que este viaje está acompañado por una pregunta que las atraviesa profundamente: ¿por qué esto que estoy creando tiene sentido? La respuesta no solo evoca el logro o la meta —aunque estos son importantes—, sino también un profundo deseo de sentirse valoradas, de transformar sus realidades, de impactar su entorno, de encontrar su autonomía y de reconocer su valentía.
Sin embargo, esta decisión implica recorrer un viaje que se convierte en el principal reto para toda mujer que decide emprender o hacer las cosas de manera diferente. Al transitarlo, aparecen miedos, angustias, creencias limitantes y aprendizajes heredados o socialmente aceptados. Además, se enfrentan a un sistema que históricamente ha sido construido para los hombres y que hoy, como mujeres, estamos decididas —y tenemos mayores oportunidades— de transformar e integrar.
Cuando una mujer decide sostenerse más allá de la perfección, las expectativas o los “deberías” y se conecta con su propósito, todo cambia. Comienza a crear, a diseñar soluciones, a cuestionar lo aprendido y a preguntarse cuáles son sus propias verdades. Así, su emprendimiento o su viaje de autonomía se convierte en un vehículo de sanación consciente.
Hablar hoy de la mujer que emprende desde esta conciencia también es recordarnos como mujeres que buscamos soberanía sobre nosotras mismas: sobre nuestro cuerpo, nuestro sentir, nuestra forma de vivir, pensar y decidir. Mujeres que están dispuestas a seguir posicionando el mundo del trabajo y la ocupación desde su fuerza y voluntad. Y esto es un gran reto, porque basta con preguntarnos qué significa que una mujer tome decisiones sobre el dinero en un mundo con bases patriarcales y coloniales. Cuando los recursos están en manos de las mujeres, se nutren comunidades enteras, porque ellas crean no solo para sí mismas, sino también para el crecimiento de su entorno.
Este viaje que expreso no está marcado por el romanticismo ni por la idea de ser salvadas de la bruja malvada o protegidas por el caballero indomable, relatos que durante años han sido impuestos. Tampoco responde a la ilusión de un gozo inmediato que promueven los tiempos modernos. Este camino implica levantarse una y otra vez, aferrarse con amor a la propia fuerza transformadora y decidir continuar en la búsqueda de ese sueño que se reconoce como posible.
Agradezco profundamente a mi familia y, especialmente, a mi madre, quien me enseñó a salir con valentía a crear ese pedacito de mundo que también he soñado habitar. Hoy, ese sueño se construye junto a quienes son con y para la Fundación Experiencial-Mente. Desde allí, esta se convierte en una invitación para todas las mujeres a reconocer sus propios recursos, a confiar en sí mismas y a reclamar su voz y su grandeza.
Cada vez más, las mujeres estamos siendo voz, decisión y presencia en espacios de participación donde históricamente hemos sido excluidas o invisibilizadas.
Por eso, considero que las mujeres emprendedoras deben ser acompañadas más allá de una estructura patriarcal centrada en “hacer por hacer” o en el tecnicismo como única fuente de saber. Esto no significa desconocer la importancia de la estructura y la razón, sino integrarlas con la intencionalidad, la transformación de narrativas, el propósito y las emociones. Es fundamental crear entornos que permitan resignificar los discursos y estructuras que han marcado el mundo del trabajo para las mujeres, acompañándolas a reconocerse, integrarse y descolonizar sus propias narrativas. Y sí, esto es un verdadero reto para todas.
Desde mi ejercicio personal y profesional, he venido acompañando a mujeres emprendedoras, y cada día encuentro en ello una oportunidad para impulsar propósitos de manera más integral, y eso es lo que seguiremos sembrando como Fundación Experiencial-Mente.
Testimonios que abrazan

Ana Graciela Bracho Méndez
Bocado Las Bracho
Para mí ser mujer emprendedora es algo maravilloso. A veces uno siente que es capaz de multiplicar el tiempo para poder dedicarse a tantas cosas: ser mamá, ser esposa, ser amiga, ser hermana, ser hija, y aparte; ser emprendedora. Sacar tiempo para las amistades, para todo y para uno mismo, para mí eso es algo grandioso.
A las mujeres emprendedoras les diría que empezar no es fácil, pero que no tengan miedo. La satisfacción llega cuando uno comienza. Entender un mercado es de lo más retador, pero también es más fácil cuando a uno le gusta.
En el futuro me gustaría tener un espacio dónde poder comercializar mis productos. Me gustaría tener una cafetería para tener mis postres y mis tortas. Me gustaría seguir creciendo, recibir apoyo emocional y educativo porque siempre vamos a necesitar aprender cosas nuevas. En el emprender tenemos muchos retos qué cumplir, pero todo es posible a través de la educación y el aprendizaje diario.

Astrid Jannet Velázquez Osorio
Astro Repostería Creativa
Ser mujer emprendedora representa muchas cosas, no solo en el trabajo individual; sino en ayudar a otras a surgir. Para mí esto no es competencia. Me gusta asesorar, compartir información, acortarles el camino a otras que recién comienzan para que no cometan los mismos errores que uno cometió. Ellas también pueden surgir.
Uno como emprendedora despliega toda su creatividad y hace muchísimas cosas: labores comerciales, entrega de pedidos y la elaboración del producto. Entonces uno está en el ciclo completo de producción y venta del producto que uno mismo elabora.
Yo les diría a otras mujeres que quieran aprender, que no tengan miedo, que se arriesguen, que se pongan en marcha con toda su capacidad. Uno descubre talentos que ni siquiera se imagina tener. Hay mucho por descubrir. Y también pienso que emprender es una manera de hacer país, de construir y de aportar.